El Salto del Tigre

Pocas veces en la vida, me ha gustado perderme de una excelente comedia de situaciones, en donde los personajes de menos a más, nos llevan a situaciones complicadas, enredos, llena de engaños y momentos de risa incomparables.

Recuerdo aquellas comedias de este estilo llevadas maravillosamente a escena por Jorge Ortiz de Pinedo como “Batas blancas no ofenden” o el éxito innegable de Gonzalo Vega “La Señora Presidenta”, obras que además de contar con excelente libreto y dirección, contaban con unas actuaciones excelsas, con actores experimentados en teatro y probados en la comedia. Pero cuando suceden cosas, si, cosas, como “El salto del tigre”, hay mucho de donde cortar, y muy poco que decir.

“El Salto del Tigre” llama la atención por varios factores: la presencia de “actores” que están presentes en pantalla, por no llamarlos “de moda” como Cecilia Galiano y su ex pareja Mark Tacher, acompañados de la actriz Shrelyn, y con el apoyo del primer actor Sergio Goyri. Comienza a gastarse el método de llevar al teatro a gente que está vigente en pantalla, aún si significa sacrificar el trabajo, un claro ejemplo es Hector Sandarti en “Wicked”, que, con todo el respeto que me merece, no es actor ni cantante de comedia musical, y mucho menos, para interpretar un personaje diseñado para un primer actor de esta disciplina como Joel Grey lo hizo en Broadway. Con la pena, y si no me creen, busquen en Youtube a Sandarti y Laura Luz cantando “Están tocando nuestra canción” (Si se le puede llamar cantar, claro es).

Pero volvamos al desastre de esta puesta: si, un desastre es lo que se aprecia tanto en escena como en el público. La conductora Cecilia Galiano necesita unas clases de actuacion, si pretende seguirlo haciendo, URGENTES. En todo momento, su actuación es plana, mecánica y sin chiste. Su único atractivo es salir en ropa interior. Mark Tacher, es igualmente gris, y después de que su micrófono fallara, no hizo el más mínimo esfuerzo por hablar con “voz de teatro” y el público comenzó a abuchearlo. Dejemos al señor Tacher en comerciales del “Monte de Piedad” ahí se ve excelente, el cual, por cierto, nos hicieron ver durante los 20 minutos que duró el intermedio una y otra vez. La participación de Gina Varela como una vendedora de discos piratas y la recepcionista de un motel, es desapercibida. A pesar de que la actriz hace un esfuerzo por hacer reír al respetable, no lo logra; tal vez sea el horrendo texto, o la dirección escénica, o que escoger el Teatro 1 del Centro cultural les quedó demasiado grande.

Entre tropiezos, y situaciones dignas de un estreno, vayamos con lo bueno: Sergio Goyri. Contar con un actor experimentado en teatro ya es un remanso; ahora bien, si sabe manejar la comedia y la farsa, se agradece y mucho. Goyri sin duda, es un excelente actor fársico. Su trabajo en esta puesta es lo más rescatable. Lo penoso fue verlo tratar de rescatar escenas, actores, y hasta el mismo texto. Todo el peso de la obra quedó en sus hombros. Verlo en ese desgaste escénico, fue como mirarlo nadar a contra corriente, por lo mismo, se veía agotado, y hasta sobre actuado. Otra de las participaciones rescatables es la de Sherlyn, aunque nadie se explica como ella aceptó y como le ofrecieron un personaje que sale 3 veces en toda la obra y no tiene la más mínima relevancia. Pero los años no pasan en balde, y la actriz sabe su chamba.

Pero, ¿De que se trata “El salto del tigre”? Intenta ser una comedia de situaciones, donde Cecilia Galiano mantiene un romance con el mejor amigo (Mark Tacher) de su esposo (Sergio Goyri) mientras el esposo, tiene una amante de 25 años (Sherlyn). Todos están de acuerdo con esa situación, el esposo para ser feliz con la amante, y el amigo porque le gusta la esposa. Hasta que Tacher decide terminar la relación con Galiano, y Goyri desesperadamente, le pide seguir, ya que si no lo hace, el no podrá darse el lujo de seguir con su joven amante y poder divorciarse de su esposa, para así casarse con la joven.

Si, un argumento de por si malo, aunado a las malas actuaciones antes mencionadas, la pésima dirección escénica, y ese sello único de los Varela, tratando de vender chicas en bikini, o en paños menores, hicieron de esta puesta un fracaso. Comenzarían con una gira en México, después fechas en Estados Unidos y terminarían haciendo temporada en la Ciudad de México, lo cual no sucedió, ya que los altos precios y el contenido, hicieron que no vendieran boletos y la gira se canceló, así como la temporada.

En resumen, “El salto del tigre” no era lo que vendía en los comerciales, una comedia candente donde el slogan era “dos horas de risa”. Pregúntenle al publico que, desde gayola, se apreciaba en medio de la función, con muchos celulares prendidos jugando Candy Crush. Literal.

Prefiero ver todos los episodios de “Sabadazo” desde su inicio y repeticiones que esta obra de nuevo. Gracias a San Ginés (Santo patrono de los actores) que todo resultó mal para los Varela y el elnco completo renucnió, terminando la tortura que sería para los espectadores en la gira.

Un desacierto de Producciones Varela en su máximo esplendor.

Lo malo: La obra, las actuaciones, el libreto, la dirección y la escenografía, los actores, bueno, hasta el teatro se veía feo. El comercial del Monte de Piedad que por la idem, pedíamos que ya lo quitaran.

Lo pésimo: No haberme quedado en mi casa. Nadie me devolverá esas horas perdidas en mi vida. Las botanas y bebidas refrscantes son un insulto. Unas palomitas al vil estilo de los exintos cines de la Organización Ramírez (200 gramos por bolsa) cuestan $60 morlacos, y una Ciel de 600 $30. Me hubiera llevado mi tambache del OXXO y un Diazepam.

Lo bueno: Le regalaron al público al final de la obra, certificados del Monte de Piedad para cambiarlos por joyas. A todos les tocó, y no faltó la ilustrísima y culta señora, (quien durante el intermedio sacó un TV Notas para leerlo), que se abalanzó a los lugares vacíos a robarse los certificados. ¡Viva México!

 

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